jueves, 23 de junio de 2016

Entrevista capotiana a Alejandro Parisi

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Alejandro Parisi.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa. Ahí paso el 80% de mi tiempo, y me fastidia ese 20% en que tengo que salir.
¿Prefiere los animales a la gente?
Animales. Cualquier especie no parlante.
¿Es usted cruel?
No, pero puedo serlo con facilidad.
¿Tiene muchos amigos?
No.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Más que cualidades, para considerar amigo a alguien necesito que se establezca una intimidad a salvo de multitudes.  
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Los que lo hicieron dejaron de ser amigos para ser gente despreciable a la que nunca más le dirigí la palabra.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Viendo fútbol. O pensando, solo, sentado en mi terraza. Podría responder “leyendo”, pero no considero la lectura como una ocupación del tiempo libre.
¿Qué le da más miedo?
La gente.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Los crímenes contra los niños.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Ser futbolista, sin dudas.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No.
¿Sabe cocinar?
Sí. En mi casa preparo la cena todos los días. Y también disfruto cocinando para mis amigos los fines de semana.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Tuve la suerte de novelar la vida de varias personas inolvidables. Pero, de elegir una sin el límite de tiempo/espacio, me hubiera gustado escribir sobre Jemmy Button. Button, un indígena originario de Argentina, fue secuestrado por los ingleses en el siglo XIX, que trataron de civilizarlo en Londres y, de regreso a la Patagonia, lo soltaron para que civilizara a sus compatriotas. Pero Button se desoccidentalizó y se unió a su pueblo para matar a los invasores.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Humanidad.
¿Y la más peligrosa?
Humanidad.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, por supuesto. En general, gente anónima que intenta usurpar el lugar en una fila, o contesta mal, o estaciona en las rampas… En fin, los que se mueven como si estuvieran solos en el mundo y no respetan a los demás.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Detesto la burocracia y a los tecnócratas que se la pasaron estudiando sin trabajar y, sin saber cómo vive el pueblo, idean los pasos a seguir en la economía, el desarrollo, la asistencia social, etc.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Estadio de fútbol.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La ansiedad y el tabaco.
¿Y sus virtudes?
La tenacidad, el humor y, a veces, solo a veces, la elocuencia.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi familia, las tapas de mis libros y, seguramente, algún gol de Boca Juniors.

T. M.